domingo, 11 de mayo de 2008

"Los más tristes"


No sé demasiado de literatura. Apenas me atrevo a escribir, o por lo menos a tratar de hacerlo en este sitio. Sólo sé que hay gente que ha llevado el talento y la creatividad más allá. Y que por eso perduran, y se ganaron el derecho de resistir la erosión. Cada uno tendrá a sus favoritos. Yo puedo elegir, dentro de lo poco que he leído, algunas obras, y en esta oportunidad algunos versos. "Los más tristes". Por nada en particular, sólo me gusta el poema. Hoy son ellos, mañana podrán ser otros.
Sí, es un poema muy famoso, pero no por eso es menos efectivo. En pocos versos consigue que al leerlo uno sienta la soledad de manifiesto en "pensar que no la tengo, sentir que la he perdido". No sé en realidad si esos versos son de verdad los más tristes, podrían encontrarse otros. Pero sí estoy convencido de algo: un hombre, que vivió escondido tras el más famoso de los seudónimos, supo, sin escribirlos, regalarnos los versos más tristes...


Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir por ejemplo; " la noche está estrellada
y tiritan azules los astros a lo lejos".
El viento de la noche gira en el cielo y canta
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alba como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Yo no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta, la tuve entre mis brazos
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
Pablo Neruda

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